
Tiempos de guerra, de peleas, de ansias, de querer, de tener, de angustia… ¡¡¡Volver a decir, a gritar amén!!! Solo depende de una reflexión: ¿acaso nada es suficiente?
Te han respetado, te han regalado amor, paz, lealtad, cariño… te han vestido, te han alimentado, cuidado, ¿y aún te parece poco?
¡Bendito sea el que hoy respira, camina, come y reza! ¡Amén para ese que agradece un día más dándole sentido a su vida!
¡Aleluya por esos o esas que saben hacerte reír, los que te tapan y te acogen en brazos de ángeles! Amén.
Amén por los que cuidan de su gente, los que aman sin egoísmos, los que escuchan de forma gratuita, a los humildes, a los que te embriagan la vida de alegría y te dan luz para que nunca te olvides de que no estás solo o sola.
¡Gracias por volver a ser persona y abandonar el papel de gentuza hipócrita y poco emocional! «Venid a mí, benditos y limpios de corazón», decía Jesús.
¡Benditos! Recuerda que un ladrillo no hace nada, muchos hacen una casa, ¡pero solo el amor puede hacer un hogar familiar pintado de amor y paz!
Volver a ser es válido; ¡perder lo que tienes por querer aparentar más es de fracasados! Alguien dijo un día que la felicidad es disfrutar de lo que tienes.
Hoy en día la gente corre, compite por NADA.
Mientras esos soldados inventados por aires no suelten el ego, jamás se darán cuenta de que ya no hay que luchar, ni competir, ni correr; porque si te paras y miras un poco atrás, ¡te darás cuenta de que ya tienes todo para a tu hogar volver!
Si no sabes valorar lo que ya tienes, ¿para qué QUERER MÁS?
Por S.R. Consejera familiar y sentimental.


Conclusiones de nuestro saber…
La búsqueda ciega de reconocimiento exterior destruye a las personas, mientras que la verdadera felicidad reside en valorar la gratitud por lo cotidiano.
Las posesiones materiales solo forman una estructura física, siendo el amor y la lealtad los elementos que convierten una casa en un hogar.
«A través de una mirada profunda al alma humana, este escrito nos invita a detenernos en medio del caos moderno. En un mundo lleno de prisa, apariencias y competencias vacías, estas líneas son un llamado a la reflexión y al reencuentro con nuestra esencia más humana.
La gratitud como base de la felicidad.
Muchas veces ya tenemos lo necesario en nuestra vida (amor, salud, cuidado y paz).
La verdadera plenitud surge al agradecer y valorar lo cotidiano, en lugar de dar por sentado el amor y el esfuerzo de quienes nos rodean.
Si hoy lo perdieras todo y solo te quedaras con lo que has agradecido… ¿qué te quedaría?
El peligro del ego y la apariencia.
Vivir compitiendo, corriendo o intentando aparentar más de lo que somos es una trampa.
Esta carrera absurda deshumaniza nuestras relaciones.
El ego nos ciega por completo y nos hace perder lo que verdaderamente importa en la vida.
¿Estás construyendo una vida para que los demás la vean, o un hogar donde tu alma realmente quiera volver?
Lo material versus lo espiritual.
Un simple grupo de ladrillos solo construye una estructura física o una casa vacía.
Se necesita obligatoriamente de amor, lealtad, humildad y conexiones humanas reales para crear un verdadero hogar y volver a ser personas auténticas.
En esta carrera en la que todos compiten… ¿ganarías algo si al llegar a la meta te das cuenta de que te has quedado solo?
«Al final del día, cuando la prisa se calma y el ego se apaga, la vida nos hace la única pregunta que realmente importa: ¿De qué sirve ganarlo todo en el mundo exterior, si en el camino te olvidas de cómo volver a tu propio hogar?»
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Si tú me das, yo te lo triplico; si tú me haces, yo te daré más;
¡si tú me apoyas, yo te daré paz!
Si tú y tú, y yo y yo; si tus hijos, si los míos…
¿Es acaso esto una cuestión del pasado, de lo que tú has perdido o yo ganado? ¿De lo que tú has ganado y yo perdido?
¿Dónde reside hoy la gratitud o el amor sin… más?
¡Amor sin duda, sin claves y diagnósticos raros!
¡Querer es respetar, amar eso lo saben los sabios!
«¿El amor es sacrificio?», gritan unos, y otros dicen:
«¿Qué más te voy a dar si por ti me quedé desnudo, perdí mi paz, mi amor propio y mi dignidad?».
Alguien no responde, el otro ataca; luego, el silencio se hace ruidoso…

¿Somos acaso el fracaso del futuro de nuestros hijos por intentar remendar las exigencias, las necesidades de una aprobación, o por buscar, muchas veces, esa mirada de orgullo en nuestros padres?
Si es así… ¿qué estamos haciendo? ¿Curando nuestras heridas de guerra juvenil provocando una falsa amistad con nuestros hijos, o solo dando lo que no hemos podido conseguir o recibir?
Sea como sea esta pequeña gran batalla, creo que estamos perdiendo el camino, los atajos e incluso el respeto por no saber dar ejemplo de lo que fuimos: grandes hijos.
Sí, de eso que no quepa duda.
¡Dábamos amor sin pedir, respetábamos sin cuestionar y estábamos radiantes por los logros de nuestros padres! Me acuerdo de mis pensamientos:

Una promesa no es solo una palabra; va acompañada de una ilusión y una certeza. ¡No es una obligación, es una decisión! Si tú prometes, tú cumples.
No debe haber reproches ni halagos, y menos aún esperar algo a cambio. ¡Es tan importante saber regalar, prometer y cumplir, como agradecer y ser agradecido!
Nadie obliga a nadie a darte nada; solo que, a veces, la debilidad te hace creer en esa promesa: «Te cuidaré, jamás te faltará nada, te haré reír, te seré leal, te aportaré felicidad y protección».
¿Por qué cuesta tanto? La gente común culpa al tiempo, al cansancio, a la rutina o a una respuesta negativa. Si eso es cierto, ¿dónde se esconden el amor, el deseo, la verdad, la paciencia y la seguridad?

La gente se cree tanto que se olvida de quién es, de sus valores o sus propósitos. Esa misma gente que hoy te dice: …yo soy, ¡mañana no sabe ni quién es!
Esos que gritan su ejemplo, sin importar su memoria…
¿Qué hacer? ¿Qué decir?
¿Con quien hablar o con quien discutir?
Vivimos como marmotas con el pensamiento silenciado por miedos reflejados, hemos dejado de saber ser lo que ¡ya no tenemos ni idea de lo que somos!
¡Se nos van las palabras, se nos va el poder, se nos va todo!
¿Somos realmente basura sin reciclar?
¿Qué buscan hoy padres e hijos: amor entre horror, estar sin sentir, o cobrar sin dolor?
¿A qué se juega hoy día?
Al pilla, pilla…, al aparentar o ser lo que jamás has tenido, y ¡se le llama valor…!
Esto es un mapa sin aguas profundas y menos sin rumbo real, ¿qué os pasa?

¡El hombre que susurra a la mediocridad!
Es el típico frustrado de Disney, el que habla con la espalda ancha y la boca pequeña.
El que te embriaga con sus palabras, con sus engaños y sus promesas de mentiras.
Cree que diciendo o sembrando inquietudes recoge abundancia.
Es el típico hombre que te utiliza para que hagas el trabajo sucio dentro de su pobreza humana, su cerebro pequeño intenta engrandecerse haciéndote a ti pequeña.
El hombre que hace pacto con el demonio es que…
No ha tenido Madre y tampoco Padre, no ha sido ese niño cariñoso al que le han dado amor, apoyo o cariño.
Es peligroso en el amor, falso en el dolor y delincuente de tráfico de sentimientos.
Como ex, frustrado y mal padre, induce al hijo a ser mal hijo.
Es el envidioso con familias unidas o mujeres que han luchado, peleado y que han sangrado por sus pies; lo que él nunca ha sabido hacer con cabeza.

Muchos se creen con derecho a mandarte, insultarte, manipularte (por cobardía) y marcarte como se fueras animal de compañía.
Muchos te piden ayuda para no dar la cara, te ruegan que empieces una guerra ya perdida, te hacen de escudo humano para poder mendigar el amor de otros u otras…
Te hacen de menos, apagando esa autoridad que piensas te han regalado y que te la has ganado(estúpida ilusa).
¡No te lo regalan, te mandan al batallón sin chaleco antibalas! Lo más banal es que ¡tú lo sabes, pero crees que esta vez será diferente!
Culpable, sí somos culpables de dar sin pedir nada a cambio, de gritar ante oídos sordos, de pelear ante oscuridad mental, de ¡mendigar un respeto paralizado ante mentes tan sórdidas!
¡Ay si el pasado vuelve, si el presente te escucha, ay Dios si el futuro te avisa! ¿lo haríamos igual? ¡Yo No!
No pelees jamás por quien no peleará por tu paz mental, no comas sentimientos caducados y jamás intentes vaciar o arreglar la vida rota de nadie…

Esa Madre que ocultó el dolor de palizas cargada de lágrimas e inseguridades ocultas… Esa que tuvo el valor de huir, ejerciendo de madre y padre mientras intentaba tapar tus ausencias.
Esa que daba abrazos para bajarte la fiebre y pisaba las espinas para que tú no te pincharas. Sí, la leona que mataba penas y resucitaba glorias para que tus noches fueran calmadas.
Ella es, esa madrastra que calmaba tus gritos y pesadillas con amor, abrazándote en paz; la que te contaba cuentos en calma para proteger tus sueños.
No era tu mamá, solo era tu madrastra, la que te protegía de tus propias sombras y de tus propios fantasmas.
Yo soy, esa esposa que calló tus penas para hacerte grande, la que te ha vacunado para calmar el dolor de la muerte de una madre.
Esa que ocultó tus fallos para engrandecerte, la que tapó tu maldad para protegerte de ti mismo.

Abrir las puertas ante una tempestad es como tener las piernas abiertas ante una sequía infernal; pedimos igualdad cuando en los 80 y los 90 nos daba asco que los tíos fueran de flor en flor.
Hoy día hablamos de igualdad y de un necesario respeto invisible; también hablamos de feminismo.
Yo me pregunto: ¿qué es el feminismo? ¿Hacer lo mismo que antes hacía el tío machote, acostarte con diez, veinte o treinta tíos?
Hay gente que hoy ha perdido la identidad sexual, no sabe ni siquiera lo que es el libertinaje que practica entre sus posturas más frívolas, cuanto más estúpidas.
Me temo que la libertad se ha confundido entre la ignorancia y la estupidez.
¿Hay cosa más triste que no saber tu identidad; ni siquiera saber quién eres?
¿Qué pasa, hay que bautizar a un hombre para saber tu sexualidad; a eso le llaman hoy libertad?

¿Cuáles son las razones para pasar del amor al odio o de la pena a la guerra?
¿Acaso podemos controlar el daño que nos hace un profesional del mal? ¿Alguien te enseñó a saber algo de esa disciplina? Sí, la manipulación, ¿eso lo sabías?
¿Qué le pasa a la gente que se muestra más cómoda jugando con el engaño que con la verdad?
¿Qué les pasa a esos que te hacen un truco sin más, por un triste trato convertido en un simple: ¡Sí quiero!?
El tiempo no se burla de ti, ni los destacados, y menos los que están fingiendo estar de acuerdo contigo, poniendo sus errores en jugar a ese placer de dañar tu visión.
Es solo una cuestión para algunos sin solución, pero recuerda, estás juzgando con el mazo de la justicia divina y mordiendo la mano de la que te dio solo… vida.
Él, ese, esa, el otro, la otra… No te condenarán por tus sucios intentos de vivir entre sábanas negras llenas de polvo y de poca imaginación.

Cuando alguien te engaña, te ensucia con mentiras, luego te viste de culpas y excusas.
Ese alguien finge pedirte perdón o actúa como si le importaras mientras te pisa y te ignora, le sale decir entre palabras vacías: ¡Te Amo!
Los oídos ya están sordos de tanta palabra vacía, de apariencias ególatras o promesas insípidas.
Es verdad, quieres creer en ello, pero sabes que una mentira es mucho más veloz que un acto de justicia.
¿Cómo pueden bocas sin aire alentar tu bondad?
Volver a creer en la piedad de esos que has sentado en tu mesa y que les has permitido estar presentes en tu vida, sacrificando tu tiempo en un vacío constante.
¿Para qué?
Perdonar a quien no valora un arrepentimiento y se cree con el derecho de exigir ese perdón, olvidando que esa solo es tu decisión.

Cuando te dan ese gran título de Madre o Padre, hacemos todo para no cometer los mismos errores que nuestros padres han cometido con algunos de nosotros.
Los cuidamos tanto que nos olvidamos de nosotros mismos; son tantos los esfuerzos, los ahorros y el sacrificio que hacemos por ellos que muchas veces no vemos en qué se están convirtiendo, tapamos sus propios miedos y sus engaños.
¡Queremos que sean más que nosotros y les decimos que son los mejores en todo momento!
Deseamos que nos superen, que nos avancen, a pesar que muchos de esos hijos o hijas son egoístas, ingratos y manipuladores.
Aún así, no podemos o no queremos verlo por no dañar esa imagen que queremos tener de ellos.
Cuando se escucha la palabra: «tu hijo es culpable», te quieres morir por dentro; tu corazón se rompe.
Cuando escuchas que tu hija es una enemiga de la verdad…

Es hoy día el peor enemigo de los amargados ¿ser feliz?
Tener una familia unida, unos amigos fieles, el amor incondicional de un marido real, ¿te molesta?
Cuando el engaño se volvió moda y una mala madre se vuelve la víctima de la hambruna de una hija maléfica, todo vale para intentar romper un hogar.
Has llamado a la puerta equivocada, hoy crees que puedes ganar lo que ya solo por defecto has mal perdido. ¡Te preguntarás, ¿qué he perdido?
Aún ahora creerás que la respuesta es Nada.
Normal que creas esa respuesta, porque si ni tu cuna te acoge, ni tú sabes amarte y menos respetarte, seguro pensarás que ya no tienes más que ganar y menos que perder.
Querida enemiga disfrazada de pura maldad, con mente opaca y poca gracia, te has equivocado al elegir romper la felicidad de unos para alimentar tu pobre hambre.
Mis dos obras para entender el camino…