Cuando te dan ese gran título de Madre o Padre, hacemos todo para no cometer los mismos errores que nuestros padres han cometido con algunos de nosotros.
Los cuidamos tanto que nos olvidamos de nosotros mismos; son tantos los esfuerzos, los ahorros y el sacrificio que hacemos por ellos que muchas veces no vemos en qué se están convirtiendo, tapamos sus propios miedos y sus engaños.
¡Queremos que sean más que nosotros y les decimos que son los mejores en todo momento!
Deseamos que nos superen, que nos avancen, a pesar que muchos de esos hijos o hijas son egoístas, ingratos y manipuladores.
Aún así, no podemos o no queremos verlo por no dañar esa imagen que queremos tener de ellos.
Cuando se escucha la palabra: «tu hijo es culpable», te quieres morir por dentro; tu corazón se rompe.
Cuando escuchas que tu hija es una enemiga de la verdad, una traicionera, te hundes y te preguntas: ¿en qué me he equivocado?
Eso, amigos, también hace parte de ser padres o madres; es culpa de callar y creer todo de ellos, ¿es que no les he dado lo suficiente?
Esa pregunta se la hacen miles de padres.
Familias que se rompen por buscar esa cruel culpa que te arruina la vida. Me dicen algunos: ¿qué puedo hacer?
Yo solo os digo que el trabajo más mal pagado del mundo es la crianza. En estos casos, solo os diré que la solución a veces no está en pelear.
Ante todo, se acepta el fracaso; luego se busca la solución menos agresiva para tu familia y su futuro. ¡Nunca es tarde para aprender a ser mejor persona!
¡Búscame y consúltame!

Por S. R. Consejera familiar y sentimental
Terapia personal contacta
601343236



