Si tú me das, yo te lo triplico; si tú me haces, yo te daré más;
¡si tú me apoyas, yo te daré paz!
Si tú y tú, y yo y yo; si tus hijos, si los míos…
¿Es acaso esto una cuestión del pasado, de lo que tú has perdido o yo ganado? ¿De lo que tú has ganado y yo perdido?
¿Dónde reside hoy la gratitud o el amor sin… más?
¡Amor sin duda, sin claves y diagnósticos raros!
¡Querer es respetar, amar eso lo saben los sabios!
«¿El amor es sacrificio?», gritan unos, y otros dicen:
«¿Qué más te voy a dar si por ti me quedé desnudo, perdí mi paz, mi amor propio y mi dignidad?».
Alguien no responde, el otro ataca; luego, el silencio se hace ruidoso… buscando razón, pero en ese salón ya todo es un campo de batalla, de reproches…
¿Piensas con quién peleas, a quién se grita, a quién se odia, con quién se compite?
¡Esa respuesta es muda, al igual que esa pregunta!
«¿Me amas?, ¿me perdonas?», eso suena lejano pero presente.
Él, ella… solo se duda cuál es su guerra, ¿estaré yo en ella?
¿La respuesta solo es ese espejo donde cada uno se mira y otros se alimentan de una promesa incumplida?
¡A eso se le llama respeto o amistad desleal!
¿Quién es quién? ¡Enemigo seas de tus propias palabras!
¡Mentiras o más mentiras solo hacen engaños!
Perder el tiempo con un supuesto amigo o esa gran amiga,
clavando puñales a los que viven contigo…
Es preguntar antes de hablar:
Si yo te doy… ¿qué me has regalado tú?
Por S.R. Consejera familiar y sentimental.

Conclusiones de nuestro saber…
Es frustrante ver el afecto convertido en un frío negocio de reproches, lo que desata una guerra psicológica y un silencio destructivo entre ambas partes.
En esa batalla silenciosa que llamas relación, ¿vale la pena ganar el argumento si el precio a pagar es tu propia paz, tu dignidad y tu amor propio?
Al final del día, cuando las palabras se callan y el salón queda vacío… ¿quién es el verdadero enemigo: el que no supo dar, o tú que te quedaste desnudo esperando un regalo que nunca iba a llegar?
El amor no es un negocio de intercambio.
Reprochar la tendencia a llevar la cuenta de lo que se da y se recibe.
Cuando una relación se convierte en una competencia de «yo te di más que tú», pierde su verdadera esencia de gratitud y amor incondicional.
El desgaste del conflicto y el ego.
Las discusiones se transforman en «campos de batalla» llenos de reproches cotidianos.
En ese punto, las personas dejan de escucharse, el silencio se vuelve agresivo y se termina peleando contra un reflejo de los propios traumas (el espejo), perdiendo la paz y la dignidad.
La traición de la falsa cercanía.
Señalar el dolor que causa la deslealtad, especialmente de amigos o parejas que fingen apoyo en la superficie,
pero que con sus mentiras y acciones terminan lastimando («clavando puñales») a quienes verdaderamente conviven con ellos y los rodean.
¿Es amor lo que sientes, o simplemente convertiste tu relación en un tablero donde compites contra tu propia sombra?





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