¿Somos acaso el fracaso del futuro de nuestros hijos por intentar remendar las exigencias, las necesidades de una aprobación, o por buscar, muchas veces, esa mirada de orgullo en nuestros padres?
Si es así… ¿qué estamos haciendo? ¿Curando nuestras heridas de guerra juvenil provocando una falsa amistad con nuestros hijos, o solo dando lo que no hemos podido conseguir o recibir?
Sea como sea esta pequeña gran batalla, creo que estamos perdiendo el camino, los atajos e incluso el respeto por no saber dar ejemplo de lo que fuimos: grandes hijos.
Sí, de eso que no quepa duda.
¡Dábamos amor sin pedir, respetábamos sin cuestionar y estábamos radiantes por los logros de nuestros padres! Me acuerdo de mis pensamientos:
«Yo también quiero ser como mamá».
Hoy en día, ¿quién compite? ¿El de antes, el de ahora o el que aún no llega hasta mañana?
¡Será que esto realmente es cosa nuestra!
Por S.R. Consejera familiar y sentimental.

Conclusiones de nuestro saber…
¿Vivimos atrapados en el ayer? A veces, sin darnos cuenta, los padres de hoy intentamos educar al mismo tiempo que buscamos sanar nuestras propias heridas de la infancia.
Queremos la aprobación que nos faltó de nuestros padres y, en el proceso, creamos una relación confusa con nuestros hijos.
La trampa de vivir en el pasado:
Estamos tan ocupados intentando sanar nuestras viejas heridas juveniles y buscando la aprobación de nuestros propios padres, que descuidamos el presente.
Al mirar tanto hacia atrás, ponemos en riesgo el futuro de nuestros hijos.
El peligro de la «falsa amistad»:
Por miedo a repetir la rigidez del ayer, hemos caído en el extremo de querer ser los «mejores amigos» de nuestros hijos.
Al borrar la línea de la autoridad, desdibujamos el respeto y la capacidad de dar un ejemplo sólido de madurez.
La desconexión generacional:
Antes, el amor y el respeto se daban de forma incondicional; crecimos admirando a nuestros padres y deseando ser como ellos.
Hoy, esa admiración se ha transformado en una competencia confusa entre el ayer, el hoy y el mañana, donde nadie sabe bien qué rol ocupar.
¿Estamos compitiendo con el pasado o realmente listos para guiar el futuro?





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