Confesar mi incapacidad para llegar hasta mis propios hijos no me resulta fácil, ni me gusta aunque sea lo justo. Puede que sea por mi frustración de no haberles podido dar la infancia que yo tuve, puede por mi comodidad de no tener la paciencia y sensibilidad que le pone mi segunda esposa. Me avergüenza que haga mi trabajo sin quejarse, cosa que agradezco y valoro mientras escondo mi egoísmo detrás de cualquier excusa.

Estoy tan cómodo sabiendo que mi hijo está tan bien cuidado que no me paro a pensar el espacio, tiempo, incluso intimidad que el crío resta a mi segunda esposa. Quiero creer que imparto la disciplina mientras ella es la ternura, pero la verdad es que ella es la que está y la que tiene que decir lo oportuno en el justo momento, así que mejor me callo.

Desde mi correcta postura que pretendo mantener para no disgustar a nadie, admiro la verdad de S.R. en su último escrito que me ha movido a escribir estas líneas, aunque me quiera engañar a mi mismo, no me resulta íntegro hacerlo con todos vosotros pues merecéis verdad para reconocer errores, vencer miedos y superarse como mejores personas.

Mientras tanto, dejadme que muestre mi respeto a la visión que tiene S.R. de la vida y deciros que admiro la sinceridad de vuestros comentarios.

Por: Salva

Publicado por UpPersonBlog.com

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