Cuando termina ese gran amor o ilusión de una vida compartida quedan pedazos de ese viaje, algo que no se puede partir ni nadie puede romper…¡los hijos! Vivir de escaparate aparentando ser lo que ya no sois es como esos que juegan al escondite sin saber perder, esos padres y madres sin saber jugar entran en guerra sin fecha de caducidad.

No es un divorcio un parque de atracciones. No, no lo es… una separación tiene que ser ¡limpia sin más! ¡Duele!, ¡sufre!, ¡llora!, ¡calla!, ¡acepta! y ¡calma! No es un logro pero tampoco es un fracaso, no hay que condenar una decisión que a la larga tiene que traer libertad y satisfacción. Recuerda que el dolor de hoy será la victoria de la ¡felicidad de un mañana! Lo que jamás debéis hacer es amar por obligación, estar por interés, así como condenar a los hijos a una vivencia infernal.

Amar es dejar de compadecerte de lo que no tienes ya que ¡nada es de nadie! Respetar es no usar hijos como papel roto de un retrato desdibujado. Si algún día has amado, deja que tus retoños sean felices con el cariño de ambos progenitores.

Seamos valientes no interesados, un divorcio no es un negocio, ni tus hijos son el logro de la rabia del otro… no los hagas víctimas hoy, por que ¡mañana serán tus peores enemigos!

Por S.R.

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