Afianzando lentamente las piedras pisadas y por pisar, con tesón y sin desesperar. Sin saber los muros que iba derribando, sin saber que cada día que iba pasando trazaba y marcaba su territorio como si de un perro se tratase. Ante la lluvia, la ventisca, impasible pero humana su alma relucía, la consejaba como si fuese un instrumento sin afinar para exibir la pieza de un gran sonido.

La luz tenue tenía vida, sacando el jugo de la fruta que no se podía exprimir ni licuar, emplazando la suerte y atinando al azar. Las páginas sin letras alborotadas eran leídas, comparadas y muy bien acogidas. Se tornó exigente, escrupulosa donde anteriormente no existían escrúpulos, se tornó exquisita, abanderada en la recepción de criterio propio.

Lejos de tirarse por la borda, de rendirse, de llegar al cansancio, de desistir, de achicarse; siempre alzaba el volumen de sus opiniones. Siempre con la entereza que la hacía libarse de esa camisa de fuerza impuesta por las estrictas normas de un psiquiátrico al cual no pertenecía, naufragando si era preciso y amoldándose a cualquier imprevisto, a cualquier registro. Aún no había llegado el momento de cambiar el molde, admitía e insistía sin apartarse, quienes sabían seguirla tenían la firmeza que no defraudaba, la afinada textura no estaba al alcance de todos los paladares. Otro pequeño relato de otra pequeña de sus historias.

Por Mercedes Rodríguez

Publicado por UpPersonBlog.com

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