Cruda y Amarga Realidad

Cruda y Amarga Realidad

     Abrumado por vuestros sinceros comentarios, respeto a todos los padres que sufrimos sin poder demostrarlo para no confundirse con debilidad. Padres que pagamos la ausencia de nuestros hijos tras preguntarnos la culpa que les corresponde, incrédulos de su maldad aprendida y la nula compasión hacia nosotros. Entiendo que en medio de una guerra elijan la postura más cómoda pero pasar los límites que nos establecieron a nosotros es demasiado, basta recordar lo que en nuestra infancia significaba respetar a un padre.

     ¿Merecemos tales faltas de respeto, desafíos y puestas en evidencia? ¿Mi hijos no son capaces de ver nada bueno en mi? ¿Son enemigos a estudiar antes de que tome las medidas de mis debilidades? Crees que son mensajeros envenenados por la Ex pero por el camino aprenden la maldad, añadiendo más dolor en sus actos y respuestas. ¿Sería pedir mucho que la ex por el bien del desarrollo personal de su hijos no despreciara al padre, hablara mal y les dejara aparte en nuestra obligada guerra? ¿Cuál será nuestra responsabilidad en sus formas de relacionarse… familia o el todo vale? 

      Caminé dejando atrás la sombra de la ex incapaz de sonreír con mi progreso, levanté la cabeza para no distraerme con los falsos amigos que esperan que caigas para justificar su miserable existencia con alegría, ni con quienes creía mi familia que condicionaron mi vida para que fuese “políticamente correcta”; enfrente esquivo las zancadillas de mis hijos, creyéndose con derecho a desafiarme y juzgarme por ello.

     Tenía derecho a rehacer mi vida, necesitaba sentirme vivo con una mujer que contrarrestase la negatividad adquirida dentro de mi, con paciencia y sabiduría para curar mi alma. Me espera, escucha, entiende y me alienta la esperanza para caminar juntos con ilusión. Si yo he podido todos podéis, no sois menos y os animo a ello.

     La injusticia de los hombres me quitó mi autoridad a cambio del pago de convenios y manutenciones sin importar el interés del menor, mientras la justicia divina me ofrecía la mujer que merecía antes de quedarme ciego de odio y rencor aún siendo hombre de paz. Tú decides la mierda que decides tragar, yo no perdonaré nada pues me equivoco demasiadas veces, que lo haga Dios si son merecedores de ello, solo pido que no se cambie la historia cuando el viento sople a mi favor pues no voy a cambiar el rumbo. 

        Por: Salva M.

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